Hay viajes que se cuentan en kilómetros y otros que se miden en lo que dejan dentro. Para las treinta y dos personas del grupo de familias Hermano Sol, de la comunidad eclesial de Santa Clara, en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Madrid, su peregrinación a Asís (Italia) ha sido, sobre todo, un viaje al corazón.
Del 21 al 28 de agosto, adultos, jóvenes y niños, acompañados por fr. Juan Antonio Adánez, Ministro provincial, recorrieron algunos de los lugares que guardan la memoria de san Francisco de Asís. Llegaban después de tres años de camino, de encuentros y de profundización en la espiritualidad franciscana. No iban simplemente a conocer unos lugares: iban a dejar que esos lugares les hablaran.
Y hablaron.
Hablaron las piedras de Asís, los senderos entre los bosques, las pequeñas iglesias, las plazas y los rincones en los que el hermano Francisco aprendió a mirar de otra manera. Cada paisaje se convirtió en una puerta hacia su historia y, al mismo tiempo, hacia la propia historia de quienes peregrinaban.
Porque san Francisco no se descubre únicamente siguiendo las huellas de su vida. Se descubre cuando su manera de vivir el Evangelio empieza a hacerse pregunta en la nuestra. ¿Qué significa hoy vivir con sencillez? ¿Dónde encontramos al hermano? ¿Somos capaces de detenernos para escuchar? ¿Sabemos reconocer la belleza de las criaturas como un regalo del Creador? ¿Cuál es el sueño de Dios?
En Asís, esas preguntas adquirieron rostro, calles, paisaje y silencio.
La peregrinación fue también un encuentro con el hermano que camina al lado; con las criaturas, contempladas como expresión de la belleza de Dios; y con el propio Dios, cuya huella ha dejado impresa en el silencio de los bosques, en el canto de los pájaros y en la sencillez de aquellos lugares donde san Francisco aprendió a escuchar antes de hablar.
Pero quizá una de las grandes sorpresas del viaje fue descubrir que el Pobre de Asís no pertenece al pasado, sino que vive ochocientos años después.
Vive cada vez que alguien se atreve a elegir la sencillez frente a la apariencia, la fraternidad frente al aislamiento, el cuidado frente a la indiferencia y la alegría frente al cansancio. Vive cuando el Evangelio deja de ser una palabra conocida y se convierte en una forma concreta de mirar, de relacionarse y de caminar.
Por eso, volver de Asís no significa simplemente regresar a casa. Significa regresar con una mirada nueva.
Para Hermano Sol, esta peregrinación ha sido una invitación a caminar en fraternidad, a dejarse encontrar, dejarse transformar y dejarse enviar. A volver a la vida cotidiana con el corazón un poco más ensanchado, los ojos más atentos y el deseo renovado de hacer de cada día una oportunidad para vivir el Evangelio con alegría.
Porque quizá ese sea el verdadero regalo de Asís: descubrir que, después de caminar tras las huellas de san Francisco, el camino continúa en cada uno de los peregrinos.











