Franciscanos Conventuales

Donde hay pobreza con alegría, allí no hay codicia ni avaricia.

Con los ojos<br>de san Francisco

Con los ojos
de san Francisco

Espiritualidad

Cuentan los biógrafos, que estando san Francisco en una iglesia de Asís, se sintió interpelado hasta tal punto por el Evangelio del día, el de la misión de los discípulos (Mt 10, 5-15), que pidió al sacerdote que se lo explicara, descubriendo en aquel fragmento del Evangelio una llamada personal de Cristo que le revelaba su verdadera vocación y misión. Inmediatamente puso en práctica la palabra de Jesús: se hizo un nuevo hábito, reducido a una sola túnica más pobre todavía, se ciñó con una cuerda, desechó el calzado y bastón de ermitaño, y, sin alforja, bolsa ni dinero, marchó a anunciar a todos la llegada del Reino por la conversión de los corazones. A todo el que encontraba le dirigía «el saludo que le reveló el Señor» (Test 23). Por todas partes «anunciaba la paz que viene de Dios, predicando la salvación». Poco después, el Señor le regaló sus primeros hermanos. El primero fue Bernardo, noble caballero de Asís. Y, junto a él, un tal Pedro. Francisco los llevó a Cristovivo y que habla en el Evangelio, yendo con ellos a una iglesia para pedirle «que les manifestase lo que debían de hacer». Pidieron a un sacerdote que les enseñase los textos evangélicos sobre «la renuncia al mundo», e inmediatamente los adoptaron como «forma de vida y regla para ellos y para todos los que quisieran unirse a ellos».