Del Evangelio de san Juan 10, 31-42. Adaptación. 

Un día, algunas personas querían hacerle daño a Jesús.
Él les dijo: “Yo he hecho muchas cosas buenas porque Dios, mi padre, me lo pidió.

La gente se enfadaba todo el tiempo porque Jesús decía que era Hijo de Dios.
Jesús les explicó: “Si veis lo que hago, veréis que Dios, mi padre, está conmigo.”

Jesús se fue a otro lugar tranquilo, y muchas personas lo siguieron y creyeron en Él.

Jesús, mi amigo bueno,

Hoy me dio pena escuchar que algunas personas querían tirarte piedras porque no te entendían. A veces, cuando nos enfadamos o no queremos compartir, nuestro corazón se pone duro y pesado, como esas rocas grises que cargan las personas tristes del dibujo.

Pero tú nos enseñas algo diferente. Tú no tiras piedras; tú regalas amor y haces cosas buenas. 

Por eso, quiero pedirte algo muy especial: 

si alguna vez mi corazón se pone duro como una piedra, 

tócalo con tu magia y enciéndelo otra vez.

Que yo tenga un corazón de luz, calientito y brillante. 

Ayúdame a usar mis manos para saludar y ayudar a mis amigos, 

y nunca para pegar o hacer daño. 

Quiero que, al verme portarme bien, 

todos sepan que tú estás conmigo.

¡Gracias por darme tu luz!

Hoy intentaré no enfadarme ni responder mal cuando algo no me guste. Si me pongo nervioso o me enfado, pararé un momento para calmarme. Quiero tener un corazón blando y bueno, no un corazón de piedra.

Share