Del Evangelio de san Juan 4, 43-54. Adaptación. 

Jesús iba caminando de un lugar a otro enseñando y ayudando a la gente.
Un día llegó a un pueblo llamado Caná.

Allí había un papá muy preocupado porque su hijo estaba muy enfermo.
El papá fue a buscar a Jesús y le dijo: “Jesús, por favor, ayuda a mi hijo”.

Jesús lo miró con cariño y le dijo: “Vuelve a tu casa. Tu hijo ya está bien”.

El papá confió en Jesús y se fue tranquilo. Cuando iba de camino, sus ayudantes corrieron a decirle: “¡Tu hijo ya está sano!” El papá se dio cuenta de que su hijo se curó justo cuando Jesús habló.
Entonces creyó mucho en Jesús, y toda su familia también.

Como cada mañana, el sol siempre vuelve a salir por el horizonte: brillante, alegre y cálido. Así eres tú con nosotros. 

Jesús, 

tú me pides que tenga fe en ti, 

en tu amor, en tu cariño. 

¿Dónde puedo encontrarte? ¿Qué camino he de seguir para llegar a ti?  

¿Cómo puedo cogerte de la mano?

Tú me enseñas que estás en los demás, 

en mi familia y mis amigos, en mis vecinos 

y las personas que me rodean, en la naturaleza, 

en el sol que sale cada día…en cualquier gesto de bondad y paz. 

Haz, Jesús, que cada día confíe en ti 

y en tu palabra.

 Sé que si te pido cosas buenas, 

tú me las vas a regalar. 

Amén.

Si algo no me sale bien, no tiraré el lápiz ni me enfadaré. Volveré a intentarlo con calma y pediré ayuda si la necesito, confiando en que puedo mejorar.

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