Del Evangelio de san Mateo 23, 1-12. Adaptación.

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo: 

«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Todo lo que hacen es para que los vea la gente. 

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías, y todos vosotros sois hermanos. 

El primero entre vosotros será vuestro servidor. 

El que se elogia a sí mismo será humillado, y el que se humilla a sí mismo será elogiado».

Hoy Jesús nos invita a que lo que decimos y lo que hacemos sea lo mismo. Nos llama a ayudar a los demás con humildad y a buscar a Dios en un corazón sincero y sencillo.

Estamos llamados a vivir como hermanos, como nos enseña san Francisco, poniendo a Dios en el centro de nuestra vida, viviendo sin sentirnos más que nadie y viviendo para los demás.

Señor Jesús, haznos comprender de verdad que nadie es más que nadie. Arranca de nuestro corazón el deseo de poder, de dominio, de superioridad. Que nuestras palabras, gestos y decisiones sean coherentes con el evangelio.

Amen.

Hoy me comprometo a donar un juguete, ropa o alimento a quienes lo necesitan. Quiero aprender a compartir con generosidad y a pensar más en los demás que en mí. Jesús, tú que compartiste todo, enséñame a dar con alegría y con un corazón abierto. Amén.

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