Este artículo recorre el origen, la estructura y el valor espiritual de la Corona Franciscana, una joya mariana nacida en el seno de la Orden de san Francisco y rezada durante siglos por frailes y laicos.
La Corona Franciscana, también conocida como Rosario de las Siete Alegrías de la Virgen María, es una devoción mariana nacida en el seno de la Orden de los Hermanos Menores a mediados del siglo XV. Su origen se remonta a la experiencia de un joven novicio franciscano en Asís, quien, afligido por no poder ofrecerle flores a la Virgen como hacía en su infancia, recibió una visión en la que María le pidió que rezara siete decenas del Avemaría en recuerdo de sus siete alegrías. Esta práctica fue rápidamente acogida por la Orden y estructurada como oración oficial. La espiritualidad franciscana siempre se ha caracterizado por una profunda ternura hacia la Virgen. San Francisco mismo exclamaba:
“Salve, Señora santa, Reina santísima, Madre de Dios […] en ti estuvo y está toda plenitud de gracia y todo bien.” (Saludo a la bienaventurada Virgen María, Escritos Completos de San Francisco de Asís, BAC)
Desde su origen, la Corona no fue una mera alternativa al rosario tradicional, sino una expresión contemplativa centrada en el gozo pascual de María y en su cercanía como madre y discípula. Con el tiempo, fue reconocida y recomendada por el Magisterio de la Iglesia, convirtiéndose en una joya espiritual de la familia franciscana y de toda la Iglesia.








