Del Evangelio de san Mateo 9, 14-15. Adaptación.
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»
Jesús les dijo:
«¿Es que los invitados a una boda están tristes y no comen mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán».
Señor, en este curso repetimos mucho que «Tú nos diste hermanos», pero me doy cuenta de que paso los días encerrado en mis cosas, mis redes y mi móvil. Me cuesta salir de mi propia burbuja para ver que en el hermano que tengo al lado es donde Tú me esperas de verdad.
Enséñame a ayunar, Señor. Ayúdame a ver que el ayuno no es un sacrificio sin sentido, sino el espacio necesario que dejo libre para que lo llenes Tú.
Me fío de ti. Sé que si me atrevo a soltar el móvil cinco minutos y a dejar de lado aquello que me tiene atado, mi vida empezará a tener un aroma distinto: el olor de la libertad. No quiero que esta Cuaresma sea una más; dame fuerzas para intentarlo. Que cada error me sirva para levantarme con más ganas de seguir.
Amén.
Hoy apagaré todo tipo de tecnología durante cinco minutos y dedicaré ese tiempo a estar en silencio, rezar o pensar en Jesús y en los demás. Quiero ayunar de lo que me distrae para dejar más sitio a Dios en mi corazón.





