Del Evangelio de san Mateo 6, 1-6. 16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».
Sí, otra vez la Cuaresma, porque necesitamos escuchar continuamente que tenemos que convertirnos. Un año más emprendemos la travesía por el desierto hacia una tierra nueva, hacia unas alegrías nuevas, hacia una intimidad más profunda con Dios, sí, de la mano de san Francisco.
Gracias, Señor, por este tiempo.
Por este regalo: cuarenta días.
Cuarenta formas de amarte.
Cuarenta miradas en tu palabra.
Cuarenta lágrimas de arrepentimiento y cuarenta sonrisas de liberación, sí.
Y en este tiempo, te pido TIEMPO, Señor, para salir de la rutina, para poder andar a la intemperie, para atravesar la noche sin miedo, para mirar más allá, para poder vivir desde el don y la libertad.
Cuarenta días, cuarenta regalos para crecer. Hoy el evangelio nos da 3 claves.
En primer lugar el ayuno: Intenta compartir parte de tus ahorros con los pobres y no hagas muchos gastos superfluos. Regala algo de tu tiempo a quien te lo pide (y si no, mira tú a quién dárselo). Haz el propósito de borrar las cosas negativas y comprométete a esperar cada día una nueva humanidad.
En segundo lugar con la abstinencia: No seas esclavo del consumo (ya sé que es muy difícil, vamos a intentarlo ¿no?): las marcas, las modas, del salir porque sí, del sexo fácil, de las redes, de la play, del ordenador…de todo lo que te roba mucho tiempo. Menos palabras feas y más caricias a los corazones (sí, con las miradas y con palabras bonitas).
En tercer lugar, poniendo sobre nuestras cabezas un poco de ceniza: No presumas demasiado de tus talentos, sino ponlos al servicio de los demás. Intenta no ser negativo y deprimirte, porque el Señor te acompaña siempre en el camino de tu vida. Da gracias siempre y aprecia el valor de las cosas sencillas.
Y no lo olvides: la Pascua está en el horizonte.
Intenta vivir alguno de los pequeños compromisos cuaresmales de los que hemos hablado antes. ¡Ánimo! ¡Merece la pena vivir una buena Cuaresma!





