Del Evangelio de san Mateo 5, 20-26. Adaptación.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será acusado en el juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado.
Si cuando vas a llevar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí mismo de que estás enfadado con alguien, vete primero a reconciliarte con él»
Señor, al rezar con este texto descubro un límite muy grande en mí. A veces creo que actúo con justicia, incluso mejor que otros, pero al escuchar tu Palabra me doy cuenta de que muchas veces mis juicios están por encima de la misericordia.
Con facilidad me enfado con los demás y levanto barreras de orgullo en mi corazón que me impiden reconciliarme. Muchas veces hago daño con mis palabras y olvido tu mandamiento del amor. Prefiero que se haga justicia antes que tener misericordia con quien has puesto en mi camino, aunque no siempre lo entienda.
Necesito aprender a ser más humilde, Señor, como san Francisco. Ser humilde no solo ante Ti, sino también ante mis hermanos, reconociendo mis límites. Quiero que pedir perdón y perdonar no sea solo un gesto exterior, sino un acto sincero, capaz de vencer mis juicios. No perdonar solo de palabra, sino de corazón. Al rezar por quien me ha hecho daño, no solo debo pedir su conversión, sino también la conversión de mi propio corazón y de mi manera de mirar al otro.
Señor, transforma mi mirada y mi corazón, aunque cueste. Ayúdame a derribar las barreras que me separan de los demás y a reconciliarme con mi prójimo antes de presentarme ante Ti.
Amén.
Hoy pensaré en una persona con la que estoy enfadado o he juzgado. Rezaré por ella y por mí, para aprender a perdonar y mirar con más misericordia. Si puedo, daré un primer paso para reconciliarme (hablar, pedir perdón o no guardar rencor).





