Del Evangelio de Juan 5, 1-9. Adaptación.
Se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Hay en Jerusalén una piscina a la que iban a curarse muchos enfermos, ciegos, cojos… Estaba allí un hombre que llevaba mucho tiempo enfermo. Jesús, al verlo tumbado y sabiendo que lleva mucho tiempo, le dice: “¿Quieres curarte?”
El enfermo le contestó: “Señor, no tengo a nadie que me ayude”.
Jesús le dice: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”
Al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
¡De nuevo, Jesús, vuelves a tenderme tu mano! Me muestras cómo llegar hasta ti.
A veces no sé hacer las cosas.
Me quedo estancado, parado,
me cuesta ver la solución.
Vuelvo a repetir una y otra vez los mismos errores.
Tú, Jesús, me buscas,
me coges de la mano
y me ayudas a avanzar.
Lo haces porque me quieres mucho. Porque eres mi Maestro.
Porque para ti, soy único y especial en el mundo.
Te pido que nunca te alejes de mi lado
y que siempre sepa agradecerte todo el amor que me regalas.
Amén.
Hoy cuando haga oración voy a parar un momento a pensar en cómo incluso ese rato de oración que parece que yo le dedico al Señor, es en realidad también iniciativa suya.





