Del Evangelio de Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38. Adaptación.

En aquel tiempo, vio Jesús un hombre que era ciego de nacimiento, se acercó a él con mucho cariño y le curó la vista. Cuando se encontró de nuevo con Jesús se dio cuenta de que era el Señor, dijo: “Creo, Señor” y se postró ante él.

Hoy vemos a un padre y su hijo cogidos de la mano. Si el niño se tropieza porque no ve un obstáculo en el camino, el papá le sujeta para que no se caiga. 

¡Qué bonita esta lectura de hoy, Jesús! Curaste a un ciego que no podía ver. Nosotros a veces tampoco vemos lo bueno, 

a veces nos quedamos a oscuras 

y no nos damos cuenta de los gestos de amistad, 

de amor, de cariño que tenemos alrededor…

Jesús, tú eres la luz del mundo 

y me guías para que sea feliz 

y pueda hacer felices a los demás.

Te pido, Jesús,  que ilumines siempre las  tinieblas de mi corazón 

y siempre esté a tu lado. Te quiero.

Amén.

Mantendré los ojos abiertos para fijarme en quién está solo en el recreo o necesita ayuda con una tarea. Me acercaré y le ofreceré jugar o ayudar.

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