Del Evangelio de san Marcos 12, 28b-34. Adaptación.

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Respondió Jesús: «El primero es: “Nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todo».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Señor, no me sirve de nada hacer muchos sacrificios y rezarte mucho si no amo al que tengo al lado. El amor a Dios no puede existir sin el amor al hermano. Sólo conociendo y amando al prójimo puedo ser capaz de amarte y conocerte a Ti. 

El Papa Francisco dijo que: «El amor de Dios y el amor al prójimo son inseparables y van juntos». No se puede amar a Dios sin amar al prójimo, y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios.

Ayúdame, Señor, a amar sin medida. Ayúdame a verte en los demás, sobre todo en aquellos que me cuesta más querer. Igual que tú me amas, ayúdame a responder con amor a los que no se portan bien conmigo. 

Amén.

Hoy dedicaré un momento a rezar por alguien de mi clase o familia que lo esté pasando mal, y después haré algo concreto para ayudarle o animarle.

Share