Del Evangelio de san Mateo 7, 7-12. Adaptación.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra? Y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se lo piden!
Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos».
Hoy Jesús nos invita a pedir, buscar y llamar como actitudes de confianza. Rezar es creer de verdad que Dios es Padre y que no se desentiende de las necesidades de sus hijos. A veces pedimos y no recibimos lo que esperábamos, pero el evangelio nos recuerda que Dios siempre nos da cosas buenas, es decir, aquello que realmente nos ayuda a vivir mejor, aunque no coincida con nuestros deseos inmediatos.
Jesús compara a los padres humanos con nuestro Padre del cielo para mostrarnos la lógica del amor: si nosotros, con nuestras limitaciones, sabemos cuidar y dar lo necesario, mucho más lo hará Dios, que nos conoce profundamente. San Francisco lo expresa de manera sencilla cuando recuerda que, así como una madre cuida a su hijo, también nosotros debemos cuidar y amar a los demás. Para él, quien se sabe escuchado por Dios aprende a tratar a los otros con misericordia.
Señor, gracias por todo lo que me regalas cada día, incluso sin merecerlo. Tú, que eres un Padre bueno y generoso, ayúdame a seguir tu camino, a tener un corazón abierto a los demás y a amar con generosidad, siguiendo el ejemplo de san Francisco.
Amén.
Hoy rezaré el Padrenuestro pensando en una persona que lo necesite. Confiaré en que Dios es Padre y sabe cuidar de nosotros. Intentaré también tratar a los demás como me gustaría que me tratasen a mí.





