Del Evangelio de san Mateo 18, 21-35. Adaptación.
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿Cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Jesús, a mí me pasa muchas veces lo que a Pedro. Quiero poner límites al perdón, medirlo, calcular hasta dónde debo llegar. No soy consciente de tantas veces que me perdonan: mis padres desde pequeño, mis amigos las veces que meto la pata… y hay veces que a mí me cuesta perdonar. Tengo algún problema con alguien y no soy capaz de perdonar, me hacen algo y guardo rencor…
Tú, en cambio, me perdonas todo. Sin límites.
En esta Cuaresma, ayúdame a caer en la cuenta de que no camino solo. El Señor me dio hermanos y, con ellos, comparto también heridas, roces y desencuentros. Enséñame a no exigir a los demás lo que yo mismo no soy capaz de dar.
San Francisco supo llamar hermano incluso al que le costaba entender y aceptar. Regálame un corazón sencillo como el suyo y enséñame a perdonar y a pedir perdón.
Amén.
Hoy haré las paces con alguien con quien tengo algún conflicto o malestar, aunque sea pequeño. Si no hay nadie en particular, me acercaré a un compañero con el que normalmente no hablo y le ofreceré un gesto de cercanía: un saludo, una sonrisa, compartir algo o preguntarle cómo está.







