Del Evangelio de san Juan 8, 21-30. Adaptación.
Jesús hablaba con la gente y les decía: “Yo vengo de Dios.
Dios me quiere mucho y siempre está conmigo”.
Algunas personas no entendían lo que Jesús decía y hacían muchas preguntas.
Jesús les explicó con amor: “Si confiáis en mí y me escucháis,
estaréis cerca de Dios”. Muchas personas escucharon a Jesús
y empezaron a creer en Él.
Veo a un hombre muy atento, poniendo la mano en su oreja para no perderse nada.
En el Evangelio nos contaste un secreto: tú siempre escuchas a Papá Dios y haces las cosas buenas que Él te enseña. Tú nunca estás solo, porque Él siempre está contigo.
Yo quiero ser como tú.
A veces me distraigo o hago como que no oigo cuando me llaman para hacer la tarea o recoger.
Por favor, Jesús, límpiame las orejas y el corazón.
Ayúdame a escuchar bien lo que me dicen mis papás, mis abuelos y mis profes. Quiero estar atento a tu voz para hacer siempre lo bueno.
¡Gracias por escucharme siempre a mí!
Hoy voy a intentar escuchar mejor. Escucharé cuando me hablen, sin interrumpir ni gritar. Estaré más atento en clase y en casa, y obedeceré con buena cara. Quiero aprender a escuchar con el corazón, como hace Jesús.







