El pasado 11 de marzo, la comunidad parroquial de Nuestra Señora de Montserrat se vistió de acción de gracias. No celebramos solo un aniversario cronológico, sino la vigencia de un testimonio que el Martirologio Romano inscribió con letras de molde hace un cuarto de siglo. Bajo la presidencia de Mons. Salvador Cristau, Obispo de Terrassa, conmemoramos los 25 años desde que San Juan Pablo II reconoció ante el mundo la santidad de seis de nuestros hermanos.
El registro del Martirologio Romano: Fidelidad bajo la prueba
El Martirologio Romano, en su entrada correspondiente, recuerda a estos testigos que, en el contexto de la persecución religiosa en España (1936), no dudaron en sellar su consagración con la vida. La historia de nuestra Provincia se detiene en los nombres de estos seis frailes del convento de Granollers, cuyo sacrificio se consumó entre julio y septiembre de aquel año:
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Fr. Alfonso López López (43 años): Natural de Segovia, era el Guardián (superior) de la comunidad. Su liderazgo espiritual sostuvo a los hermanos en el momento de la dispersión tras el incendio del convento. Fue martirizado en La Roca del Vallès el 3 de agosto.
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Fr. Miguel Remón Játiva (28 años): Joven fraile aragonés que, junto a su hermano de sangre Francisco, mantuvo su identidad religiosa hasta el último aliento en el cementerio de La Roca.
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Fr. Francisco Remón Játiva (46 años): Hermano profeso, ejemplo de servicio silencioso. Su martirio conjunto con Miguel subraya el vínculo de la fraternidad franciscana.
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Fr. Modesto Vegas Vegas (24 años): El más joven del grupo. Capturado en las inmediaciones de Granollers, su muerte fue el testimonio de una vocación recién florecida.
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Fr. Dionisio Vicente Ramos (65 años): Natural de Teruel, de carácter afable y profunda vida de oración. Fue asesinado junto a Fr. Pedro Rivera.
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Fr. Pedro Rivera Rivera (24 años): Nacido en Villacreces (Valladolid), representaba la fuerza de la misión conventual en tierras catalanas.
Una Eucaristía para la esperanza
La celebración presidida por el Sr. Obispo de Terrassa no fue un ejercicio de nostalgia, sino una llamada a la profecía. En la Eucaristía, Mons. Salvador Cristau destacó que los mártires no son figuras del pasado, sino «intercesores que nos ayudan a leer los desafíos del presente desde la lógica del perdón».
Como frailes de la Provincia de Montserrat, custodios de su memoria, sentimos la responsabilidad de que su sangre siga siendo semilla de fe. Su beatificación el 11 de marzo de 2001 marcó un antes y un después para nuestra jurisdicción, recordándonos que nuestra misión en Granollers y en toda la Provincia está cimentada sobre el amor entregado.
Conclusión y Legado
Terminamos este aniversario con una certeza: la fidelidad es posible. Que el ejemplo de Fr. Alfonso y sus cinco compañeros nos impulse a caminar tras las huellas de Cristo con la misma valentía que ellos mostraron en las carreteras del Vallès.
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