Del Evangelio de san Mateo 11, 11-15
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los Profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos, que oiga».
A veces creemos que ser grande significa hacer cosas espectaculares, tener miles de seguidores o ser “el mejor” en algo: hombres y mujeres de valor, que solo ocupan su tiempo para sí mismos.
Pero Jesús nos rompe los esquemas: el más pequeño en el Reino es más grande que el más grande aquí. Para brillar de verdad no podemos depender de nosotros mismos, tenemos que brillar en los demás.
Juan el Bautista fue valiente, auténtico, sin miedo a ser distinto. Jesús no nos pone una tarea fácil: nos avisa de que para acabar con la violencia que sufre el Reino hay que arriesgarse y abrazar su mensaje a contracorriente de lo que hace la mayoría.
Señor Jesús, enséñame a ser grande desde lo pequeño, fuerte desde lo sencillo, valiente sin necesidad de aplausos. Que no me dé miedo nadar a contracorriente por amor a ti. Que mi fuerza no esté en dominar, sino en servir. Ayúdame a combatir la violencia que sufre el Reino con la violencia de la humildad y de la generosidad. Que ser el más pequeño signifique acoger a los demás como si fueran mis hermanos, como quiso san Francisco. Amén.
Hoy voy a hacer un gesto de fraternidad con alguien a quien suelo ignorar o evitar.












