Del Evangelio de san Juan 8, 51-59. Adaptación.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».

Los judíos le dijeron: «Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no verá la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».

Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».

Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Señor, como los judíos del evangelio de hoy, muchas veces siento que las cosas que me dices o me pides parecen imposibles, porque no son nada fáciles de aceptar o llevar a cabo.

Enséñame a confiar más en Ti, a confiar en el plan que Tú has preparado para mí, ya que, a pesar de que lo que puedas pedirme no parezca muy agradable o fácil al principio, quiero tener la certeza de que Tú buscas lo mejor para mí.

Quiero ser igual que san Francisco y aprender a desprenderme de todos mis planes, confiando en el que Tú has pensado para mí. Señor, que sepa encontrar la felicidad en seguirte a Ti, al igual que san Francisco. 

Amén.

Hoy nos vamos a proponer confiar más en el Señor, él mismo nos ha dicho que quien confía en él vivirá para siempre. Cuando algo nos salga mal y nos desanimemos, en lugar de pensar ¡qué difícil es hacer las cosas bien! ¡qué difícil es ser cristiano!, vamos a parar un momento y le vamos a decir a Dios: Señor yo solo no puedo, me cuesta hacer las cosas bien, pero con tu ayuda todo es posible, y nos vamos a animar y no nos vamos a rendir nunca a hacer el bien.

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