Del Evangelio de san Juan 11, 45-57. Adaptación.
Después de que Jesús resucitó a su amigo Lázaro, muchas personas creyeron en Él.
Pero algunas personas se enfadaron y no querían que Jesús siguiera enseñando. Decidieron hacerle daño, y por eso Jesús se fue a un lugar tranquilo con sus amigos.
Jesús, mi gran amigo:
en el dibujo veo que hay gente enfadada y gritando, que intenta separar a ese hombre de ti. Hoy en el Evangelio también escuché que había personas que no te querían y planeaban cosas feas para que ya no estuvieras.
A veces, a mi alrededor también hay ruido, peleas o gente que no se porta bien. Me siento tironeado, como el hombre de la camisa azul, y no sé qué hacer.
Pero tú, Jesús, estás tranquilo.
Tú le das la mano y no lo sueltas.
Por favor, agárrame fuerte a mí también.
Aunque otros se enfaden o no te entiendan, yo quiero estar de tu lado.
Llévame contigo a ese lugar tranquilo del que nos habla la lectura hoy,
para estar seguro y feliz junto a ti.
¡No me sueltes nunca, Jesús!
Hoy, cuando no sepa qué hacer o dude, intentaré elegir lo bueno, por ejemplo: no insultar, ni pegar ni empujar, aunque otros lo hagan. Si tengo ganas de enfadarme o portarme mal, pararé un momento y pensaré. Quiero hacer lo que está bien y confiar en Jesús.





