Del Evangelio de Lucas 18, 9-14. Adaptación. 

En aquel tiempo, Jesús dijo uno parábola a algunas personas que se creían muy buenas pero trataban mal a los demás:

“Subieron dos personas a rezar al templo: un fariseo y un publicano. El fariseo rezaba dando gracias a Dios por no ser como el resto, ni por parecerse al publicano.  En cambio, el publicano, le pedía perdón a Dios”.

Os digo que el que pide perdón será glorificado.

Al mirar la imagen, me doy cuenta de la cantidad de colores que existen. Hay tantos colores como hombres en la tierra. Somos todos distintos, Jesús, con nuestras cosas buenas y nuestras cosas no tan buenas. Pero todos somos necesarios.

Cuántas veces, Jesús, no me doy cuenta de lo que hago mal. Estoy tan distraído con la tele y tan preocupado por lo mío que a diario, paso el día haciendo y diciendo cosas que hieren a mis compañeros, a mis padres, a mis profesores…y luego creo que todo lo hago bien. No soy mejor que los demás.

Tú  me enseñas que el perdón es el camino para reconocer todos mis errores. Que puedo ser mejor persona arrepintiéndome de lo malo. 

Ayúdame , Jesús, a caminar de tu mano. 

A no creerme mejor que los demás, 

a reconocer mis fallos, 

y a pedirte perdón por ellos.

Amén.

https://www.youtube.com/watch?v=pYCit–XkS8&list=RDpYCit–XkS8&start_radio=1

No me burlaré ni presumiré de lo que hago bien. Daré las gracias por lo que tengo y trataré a todos con cariño, sin creérmelo más que nadie.

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