Del Evangelio de Lucas 4, 24-30. Adaptación.
Cuando llegó Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga:
«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo».
Al oír esto, todos en la sinagoga se enfadaron mucho y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte con intención de tirarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y continuó caminando.
Jesús,
aquí estoy.
Te abro mis brazos como esta chica para recibirte.
A veces no te escucho
o no hago caso a lo que dices.
Perdón, Jesús.
Ayúdame a quererte mucho,
a escucharte con atención
y a no olvidarme de Ti.
Quiero acogerte siempre
con un corazón grande y abierto,
como esta mujer te acoge con amor.
Gracias por estar conmigo
y quererme tanto.
Amén.
Hoy no voy a quejarme aunque algo no me guste, y voy a cambiar esa queja por dar las gracias.







