Del Evangelio de san Juan 11, 45-57
En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Señor,
al leer este evangelio, veo que tu presencia siempre provoca una respuesta:
unos creen, otros dudan, otros se asustan.
Y yo también, a veces, camino entre la fe y el miedo.
Quiero mirarte con el corazón sencillo,
como lo hacía san Francisco,
que no se dejó atrapar por el temor ni por la opinión de los demás,
sino que se dejó transformar por tu amor.
Tú, Señor, sigues llamándome a confiar,
a no esconderme cuando algo me incomoda,
a no alejarte de mi vida por miedos.
Enséñame a elegirte incluso cuando no es lo más fácil.
San Francisco descubrió que tú le diste hermanos,
y yo también quiero aprender a ver al prójimo
como un regalo que tú me das.
Que juntos podamos animarnos,
levantarnos cuando caemos
y reconocer tu luz incluso cuando otros quieran apagarla.
Haznos valientes, sencillos y alegres,
capaces de seguirte sin miedo
y de construir fraternidad donde estemos.
Acompáñanos
para que esta Cuaresma nos acerque más a ti
y más entre nosotros.
Amén.
En el día de hoy, compartiré con un amigo algo que me hace dudar y encontraré un momento para orar con el Señor o con la Virgen para pedir luz por ello.





