06/12/2022

Uno de los nuestros.

06/12/2022

Uno de los nuestros.

Del Evangelio de Mateo (18, 12-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

Palabra del Señor.

Señor Jesús, los evangelios no ocultan tus sentimientos y así, por ejemplo, nos cuentan cómo te compadeciste del leproso que te pidió ayuda, cómo lloraste ante la tumba de tu amigo Lázaro, cómo te conmoviste ante los dos ciegos que pidieron ser curados o incluso cómo te enfadaste cuando viste el Templo de Jerusalén convertido en un mercado… Sin embargo, me llama la atención que en los evangelios nunca se dice que rieras. De hecho, en la historia del arte, siempre se te ha representado con un semblante serio, muy serio, quizás demasiado serio, hasta el punto de hacernos pensar que podíamos caer en la herejía solo con imaginarte soltando una carcajada...

Señor Jesús, con tu encarnación asumiste la totalidad de la experiencia humana, también la posibilidad de experimentar la risa y la carcajada. A veces tenemos una imagen un poco triste de ti. No quiero caer en la frivolidad ni quitar seriedad a tu misión entre nosotros, pero ¿acaso no te reíste en las bodas de Caná?, ¿acaso no bromearías con los tuyos cuando ibas de camino por Galilea?, ¿acaso no disfrutarías de las sobremesas siempre que te invitaban a comer? Si san Juan Bosco decía aquello de que un santo triste es un triste santo, ¿cómo imaginarte siempre serio y distante?

Señor Jesús, en el evangelio de hoy descubro la causa profunda de tu alegría: que nadie se pierda. Del mismo modo que aquel pastor sonreía al volver a casa con la oveja perdida sobre sus hombros, así sonríes tú cada vez que me dejo encontrar por ti. Gracias, Jesús, por no darme por perdido y salir un Adviento más a mi encuentro. Gracias, Jesús, por hacerme sentir que soy importante para ti. Dame la valentía de dejarme encontrar por ti. Amén.

Las personas serias y tristes no dan buen rollo a los demás. Voy a esforzarme por estar alegre y sonriente con todos los que tengo a mi alrededor.

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