03/12/2022

Ven con tu suavidad.

03/12/2022

Ven con tu suavidad.

Del Evangelio de Mateo (9, 35 – 10, 1.5a.6-8):

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.

Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».

Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

Hoy, en el evangelio, san Mateo nos quiere situar en primera persona, como esos videojuegos en los que nos ponemos en la piel del protagonista. El protagonista es Jesús. No solo vemos por sus ojos a los enfermos, extenuados y abandonados, sino que también nos abre su corazón y vemos sus sentimientos. Un corazón compasivo por todos…, por ti y por mí.

Jesús, me he alejado de tu rebaño, me he perdido en mil cosas y hoy, ahora, necesito que me mires y vengas por mí. Ven con la suavidad del Buen Pastor. Levántame y ponme sobre tus hombros. Ven, Jesús, Buen Pastor, pues, aunque me distraigo con tantas cosas, no me olvido de que eres siempre fiel a tu Palabra.

Hoy, Jesús, me dices: “La mies es abundante, pero pocos los trabajadores”. ¡Cuántas veces oigo que hay que rezar por las vocaciones! Por eso, en este día te ofrezco, Jesús, este rato de oración por los frailes y sacerdotes que me ayudan a no alejarme de ti. En ellos veo muchas veces tu mirada de compasión y la mano que me trae de nuevo al precioso redil de tu Iglesia. En un momento de silencio recuerdo sus rostros y oro por ellos. Pero también pido por los jóvenes que se están abriendo a tu voluntad, para que puedan superar el vértigo de la llamada y puedan entregarse a ti y a los hermanos con generosidad.

Gracias, Jesús, Buen Pastor. Gracias por venir, por levantarme y por sanarme. Ven siempre en tus sacerdotes para cumplir la voluntad de tu Padre. Ven siempre por el Espíritu Santo Consolador. ¡Ven pronto, Señor! Amén.

Pienso en alguien que me haya ayudado a acercarme a Dios y rezo por él o por ella.

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