Nuestro Carisma

Tengamos siempre el corazón vuelto al Señor

Haz de mí Señor, un instrumento de tu paz

El carisma de nuestra Orden es la forma misma de vida iniciada por el mismo san Francisco bajo la acción del Espíritu Santo en el seno de la Iglesia. Escuchando atentamente el evangelio y viendo que el Señor le aumentaba de día en día el número de seguidores, escribió para sí y sus hermanos, con sencillez y en pocas palabras, una forma de vida o regla: seguir el santo Evangelio y las huellas de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad.

Los ideales evangélicos que san Francisco puso como fundamento de la identidad de su Orden son: la vida de oración y devoción, la fraternidad, la pobreza y minoridad entendidas como identificación con Cristo pobre y humilde, estando al lado de los pobres, el anuncio del evangelio con la vida y no sólo con las palabras, ser instrumentos de paz y reconciliación entre los hombres.

Con el fin de fomentar mejor el espíritu de oración, el oficio divino solemne, la vida fraterna, la formación de los candidatos, el estudio, la predicación, la caridad y otras obras de apostolado al servicio de la Iglesia, los hermanos formamos fraternidades conventuales para vivir y dar testimonio del evangelio de Cristo, especialmente bajo la guía de la Inmaculada, Virgen hecha iglesia y patrona de la Orden.

El hábito de los Franciscanos Conventuales es el tradicional desde el tiempo de san Francisco: túnica y capucho grisáceo con la cuerda de tres nudos, signos de pobreza, constante conversión (el color gris recuerda a la ceniza penitencial) y pertenencia a la Orden. En época napoleónica, algunas provincias europeas adoptaron el color negro para evitar que expulsaran a los hermanos de sus conventos, pero hoy se está volviendo al color gris original en varios países de Europa y en el resto del mundo. La Orden cuenta actualmente con más de 4.100 frailes, repartidos por 75 países de los 5 continentes.