8 abril, 2022

Como Pedro

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1. Contempla

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2. Escucha

Mateo 26, 73-75

Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata». Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo: «No conozco a ese hombre». Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.

3. Reza

“Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús… y saliendo fuera lloró amargamente”. Impresionan estas palabras del Evangelio. Cuesta imaginar a Pedro, el rudo pescador de Galilea, deshecho en lágrimas por haber hecho lo que nunca hubiera querido hacer. Lo que nunca pensó que haría y, sin embargo, hizo: negar a su Maestro. ¡Y tres veces! 

Señor, Tú sabías que no era buena voluntad lo que le faltaba a Pedro. Le llamaste sabiendo que era impulsivo, cabezota, siempre dispuesto a dar una respuesta inmediata, a dejar las redes y seguirte. O a gritar con la boca bien grande: “Yo no te fallaré” o “Jamás dejaremos que mueras en cruz”. Pero sabías que detrás de todo eso se escondía una gran debilidad, quizás no aceptada.  

En la noche del juicio, tras negarte tres veces, le tocó aprender de golpe dos lecciones que nunca olvidaría. La primera: que no era el “mejor” ni el “más grande” de los discípulos, sino débil, frágil y limitado… Aceptar que somos así nos abre a tu acción en nosotros. ¡Cuándo lo entenderemos! Y al contrario, no hacerlo nos vuelve autosuficientes y demasiado seguros de nosotros mismos. Y la segunda: que a partir de ese momento, cuando experimentó su fragilidad de manera tan clara, vio que se necesitaban menos grandes palabras y más hechos sencillos.

Señor, quiero aprender del apóstol san Pedro a aceptar mi debilidad, es decir, que soy frágil y limitado, pero que, si me dejo ayudar por ti y por las personas que pones en mi camino, esa debilidad puede ser una buena escuela de humildad. Quiero aprender, también, a no perderme en grandes palabras y promesas, sino a caminar paso a paso tras tus huellas, dejándome guiar, enseñar y perdonar por ti. 

Señor, Tú eres mi fortaleza, mi refugio, mi roca.  

Amén.

4. Compromiso

Hoy quiero pedir perdón porque muchas veces yo también niego a Jesús y digo no conocerlo.