30 marzo, 2022

Contigo

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1. Contempla

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2. Escucha

Isaías 49, 8-15

Yo pensaba: «Me ha abandonado el Señor, mi Dios me ha olvidado».

Entonces, Dios me respondió: «¿Puede una madre olvidar a su criatura, no se compadece por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré».

3. Reza

Señor, te doy las gracias por estar siempre ahí cuando lo necesito.

A veces no te escucho. No te busco. Me dejo llevar por lo urgente y me olvido de lo importante. Utilizo todas mis energías para ir tachando cosas de mi lista. Pero cuanto más tacho, más aparecen.

Y al final del día, cuando estoy exhausto, nunca me acuerdo de ti. De que te dejé para el final. De que te prometí dedicarte aunque fuera un rato de mi tiempo…

Sin embargo, cuando voy corriendo de un lado a otro, siempre encuentras la manera de tocar mi corazón. Ya sea a través de una persona, de la belleza del mundo que has creado o de mis propios pensamientos, cuando busco para ver si sigues ahí, veo que no te has ido.

Ojalá yo fuera tan fiel. Ayúdame a serlo.

Pon en mis ojos la consciencia necesaria para ver que siempre estás a mi lado, aunque esté a mil cosas.

Pon en mis manos la fuerza necesaria para construir tu reino mientras labro mi camino.

Pon en mi corazón la ternura necesaria para inspirar tu nombre en los demás.

Porque sé que no me abandonas. Sé que siempre estás a mi lado. Sé que caminas conmigo. Sé que me sostendrás si tropiezo. 

Gracias por ser como una madre que siempre está pendiente de mí. 

Amén.

4. Compromiso

Igual que Dios está pendiente de mi, yo también voy a estar hoy pendiente de los demás. Por si me necesitan.