24 marzo, 2022

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1. Contempla

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2. Escucha

Jeremías 7, 23-28

Así dice el Señor: «Mi pueblo no quiso escucharme ni me hizo caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según los impulsos  de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara. No me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, se endurecieron y obraron peor que sus padres. Tú les dirás todas estas palabras y no te escucharán; los llamarás y no te responderán».

3. Reza

Los seres humanos somos seres extraordinarios. Somos capaces de amar, de ayudar al que lo necesita, de colaborar con otros por un objetivo común, de cuidarnos… 

Y sí, en ocasiones somos tan efectivos y conseguimos tantos objetivos que nos creemos capaces de todo. Los jóvenes tenemos la sensación de que podemos “comernos el mundo”. Además, ciertamente todo nuestro alrededor gira en torno a esta idea: podemos conseguir todo lo que deseamos. 

Pero la realidad es diferente. Tarde o temprano, todos nos encontramos con situaciones que nos superan, que nos demuestran que solos no podemos amar, que solos no podemos cuidar a los demás (ni a nosotros mismos), que solos corremos el riesgo de equivocarnos en nuestros juicios, ideas u opiniones. 

Cuando ponemos nuestro foco en cosas pasajeras (éxito, físico, dinero, salud), antes o después acabamos siendo prisioneros de todos esos ídolos con los que hemos ido sustituyendo y dando la espalda a Dios. Nos hemos escondido de Él. 

Solo con la fe, y en Dios, podemos escribir nuestra historia en la eternidad, en aquello que no falla nunca, en aquello que no se va nunca. 

Espíritu Santo, en este día te pedimos que vengas sobre nosotros y que nos hagas volvernos a Dios. ¡Tantas veces le hemos dado la espalda! Ayúdanos a descubrir que, lejos de hacernos la competencia, Dios es nuestro mejor aliado. Ayúdanos a experimentar que lo único que Dios quiere es llevarnos a una felicidad plena, verdadera y eterna. Ayúdanos, Espíritu Santo. 

Amén.

4. Compromiso

Hoy no le voy a dar la espalda a Dios ni a vivir como si Él no existiera.