23 marzo, 2022

¡Menudo Dios!

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1. Contempla

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2. Escucha

Deuteronomio 4, 1. 5-9

Moisés habló al pueblo diciendo: «¿Existe acaso una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos? Pero ten cuidado para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos ni dejar que se aparten de tu corazón».

3. Reza

Señor Jesús, ¡qué bendición tener un Dios tan cercano como Tú!

Todas las religiones buscan a un Dios que está fuera, pero nosotros tenemos la suerte de tu empeño por tu pueblo. Tu encarnación nos recuerda que Dios mismo quiere estar con nosotros, quiere tenernos a su lado, hasta el punto de que te envió al mundo.

Gracias, Dios Padre, por tu Hijo Jesús, por su naturaleza humana que quiso encarnarse en la tierra. Gracias por tu bondad para con nosotros, por darte a conocer y por la posibilidad que nos das de amarte en la persona de Jesús. 

Te damos gracias, Jesús, por venir a nosotros, por tu humanidad tan cercana que nos dibuja un itinerario que recorrer, un camino de entrega, obediencia, de amor a todos. Gracias por hacerte pobre para demostrarnos que la mayor de nuestras riquezas la encontramos mirándote a ti…

Qué gozo tener un Dios así, un Dios encarnado, un Dios que nos deja ser y estar en Él, un Dios al que podemos acudir en cada momento que queramos.

Gracias, Señor Jesús, por quedarte en el sagrario, por tu presencia en cada eucaristía, por poder gustarte y disfrutarte en los hermanos, por tu estar en nuestros momentos de oración… Gracias, Señor. 

Ayúdame a guardarte en el corazón, a seguir haciendo historia de tu paso en mí y a mirar con alegría el camino recorrido y con esperanza el que me queda por recorrer. 

Así sea.

4. Compromiso

Hoy daré gracias por ser afortunado y haber conocido a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo