8 marzo, 2022

Tu palabra

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1. Contempla

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2. Escucha

Isaías 55, 10-11

Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y cumplirá mi encargo».

3. Reza

Todo comienza con la palabra. 

Incluso en nuestra propia vida somos conscientes de que los proyectos comienzan con un “vamos”, o un “creo”, o un “puedo”. La palabra es el motor que nos activa para llevar a cabo aquello que nos proponemos, lo que nos lleva a superar la barrera del “no quiero” al “debo”, lo que nos lleva a comprometernos con libertad en nuestras relaciones, estudios, parroquias, equipos o trabajos.

Dios dijo una palabra: “HÁGASE”; y con ella todo fue creado. Nosotros somos resultado de la Palabra de Dios, y en ella creemos: estará con nosotros hasta el fin del mundo. 

En ocasiones nos cuesta conectar con Dios. En nuestros problemas y quehaceres diarios no es fácil experimentar su promesa. Pero seguramente todos podamos parar, mirar hacia atrás en nuestra vida, y ser conscientes de lo mucho que se nos ha regalado de forma gratuita. Podemos sentirnos acompañados y guiados y, si indagamos con profundidad, seguro que podremos ver claramente el paso de Dios en nuestra vida y los frutos que ha dado en nosotros. La Palabra de Dios sigue empapando nuestra vida, sigue enraizándonos en tierra firme. 

Hoy te pedimos, Señor, que nos ayudes a ser conscientes de tu promesa. Que no seamos oyentes sordos a tu Palabra. Que abramos las puertas de nuestra vida a la promesa de vida que esconde tu Palabra. Solo entonces podrás seguir cumpliendo en nosotros tu deseo, tu encargo y tu voluntad. 

Amén.

4. Compromiso

Voy a mirar mi vida y a pensar en algo que tengo y que se me ha regalado. Daré gracias a Dios por ello.