6 marzo, 2022

El agua de Dios

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1. Contempla

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2. Escucha

Deuteronomio 26, 7-8

Clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestros gritos, miró nuestra indefensión, nuestra angustia y nuestra opresión. El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con grandes signos y prodigios, y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra que mana leche y miel.

3. Reza

Esclavitud es una palabra que suena a siglo pasado. Pero ¿lo es en realidad?

Esclavitud significa «ser privado de tu libertad y estar sometido de forma absoluta».

Hoy en día nadie se alarma cuando un chico piensa desde que se levanta hasta que se acuesta en la manera de conseguir likes. Nadie se preocupa si una chica es incapaz de estar un rato sin mirar su móvil.

Hay personas que viven para proyectar una imagen adulterada de sí mismas, para que los demás crean que ellos son los mejores, pero que en realidad tienen una vida tan corriente y llena de problemas como los demás. Hay gente que entra en pánico cuando le queda un cinco por ciento de batería en el móvil y no tiene cargador. Cada vez es más habitual ver a hijos gritar a sus padres por haberlos castigado sin tablet. Es más, acaba de pasar que un chico de Elche ha matado a sus padres por haberle castigado sin wifi… 

Déjame que te lo pregunte otra vez: ¿es esclavitud una palabra ya anticuada? Quizá debamos plantearnos si no habrá una epidemia de un nuevo tipo de esclavitud. Una adicción a los datos, a las notificaciones en redes sociales o al wifi.

¿Qué eres si te quitan todo eso? Porque si no te imaginas pasando un tiempo sin esas cosas, quizá tengas las manos más atadas de lo que creías.

Señor, te apiadaste del pueblo de Israel, les tendiste tu mano y los salvaste. Líbrame a mí también de las cadenas que me atan. Ayúdame a diferenciar entre las cosas que necesito y las que no.

Así sea.

4. Compromiso

Voy a estar menos pendiente de mis redes sociales. Quizá así me de cuenta de que soy un poco esclavo de ellas.