Carta de Navidad del ministro provincial

26 diciembre, 2020

«Son convocados los hermanos, llega la gente, el bosque resuene de voces, y aquella noche bendita, esmaltada profusamente de claras luces y sonoros conciertos de voces de alabanza, se convierte en esplendorosa y solemne«

San Buenaventura

 

Queridos hermanos: Paz y Bien.

De nuevo me pongo en contacto con vosotros en estos días santos de la Navidad para acercarme a vuestras vidas como mejor puedo, con mis palabras. Antes de nada: FELIZ Y SANTA NAVIDAD 2020 Y QUE EL AÑO 2021 ESTÉ LLENO DE COSAS BUENAS, LLENO DE LA GRACIA DE DIOS.

Este año nos toca celebrar una Navidad diferente, en una realidad rota y puede que un poco desconcertados. Es posible que la Navidad nos encuentre con el corazón habitado de nombres y rostros concretos y también herido de ausencias y carencias. Sin embargo la estrella sigue invitándonos a acercarnos a adorar y a besar al Niño (no sabemos cómo, pero ahí está la invitación). Seguramente será una adoración y un beso íntimo. Y esta alegría hay que contarla y cantarla. La pandemia ha hecho caer tantos decorados falsos y ha puesto de relieve las opciones primeras e importantes. No perdamos la oportunidad de hacer de esta Navidad una Navidad especial. Un tiempo de una mirada amable y serena. Hacer revivir el carisma sin ropajes y seguridades. Que descubramos al otro como hermano y no como adversario.

Animémonos a vivir la Navidad ante este horizonte inseguro que nos asalta. Intentando responder a la pregunta de ¿cómo viviré estas fiestas de Navidad?: restricción de movimientos, toque de queda, mascarillas, uso de gel, distanciamientos entre personas, limitación de número de personas reunidas, ausencia de abrazos y besos… Pero el misterio de fe que estamos llamados a vivir es el mismo de siempre: todo un Dios que se encarna en Jesús y que viene a habitar entre nosotros.

San Francisco de Asís nos sigue animando a celebrar la “fiesta de las fiestas” con todo lo que podemos y todo lo que somos. Quizá sea esta una buena oportunidad para dar el verdadero sentido a estos días y transformar en gracia todo aquello que se había desfigurado con el paso de los años, todo lo que había desfigurado la auténtica Navidad: comercio y consumo desmedido, comilonas, regalos sin ton ni son,…

Aprovechemos para recuperar y apreciar los aspectos fundamentales de la Navidad: los hermanos de fraternidad, la familia, las personas con la que compartimos la vida, los fieles, los profesores, el valor de las cosas pequeñas y sencillas, simples,… todo lo que hace referencia al primer Belén. Y volvemos a recordar lo que sucedió –hace ya casi 800 años, en 1223–, en Greccio, donde san Francisco de Asís puso en juego su creatividad para ayudar a vivir la verdadera Navidad. Con un gran ingenio, que brotaba de su espiritualidad. A la luz del ejemplo de san Francisco de Asís, tal vez nos toque ahora a nosotros ingeniar cómo vivir esta Navidad que llega condicionada por el coronavirus, conscientes que ante el evento de la venida del Niño Dios deben seguir repicando las campanas, deben seguir sonando los villancicos, deben seguir luciendo los belenes, deben seguir sonriendo los niños, deben seguir encontrando cobijo los pobres. Porque llega la Navidad y en ella nace un Dios entre nosotros que nos llena de ilusión, esperanza, gozo y confianza.

«Descendió hasta nosotros para conferirnos los carismas de los sentidos de modo que nos acerquemos a la realidad de una manera nueva: con el corazón que se configura con el de Cristo, con unos ojos que ven a Cristo, con unos oídos que escuchan a Cristo, con una respiración que aspira a Cristo y con una boca que proclama a Cristo» (Juan José Ayán).

No nos veremos en el ya clásico y famoso «cursillo de Navidad», pero nos abrazaremos igualmente desde la distancia y los confinamientos. Y es que la Navidad siempre nos salva y hace renacer en nosotros lo mejor de nosotros mismos. Ánimo, regala paz y bien. Regala alegría y esperanza. Regala sonrisas y abrazos. Todo aquello que no necesita ni luces ni grandes envoltorios. Y que las puertas de nuestros corazones se queden siempre abiertas. Os abrazo de corazón y os encomiendo en mi oración. Otra vez, feliz y santa Navidad.

 

Fr. Juan Antonio Adánez Silván.

Ministro provincial OFMConv, Provincia de España.