Adviento con San Francisco, confiaré y no temeré

5 diciembre, 2020

En uno de los salmos que compuso san Francisco para el tiempo de Adviento, leemos lo siguiente: Te alabaré, Señor, santísimo Padre, Rey del cielo y de la tierra, porque me has consolado (cf. Is 12,1). Tú, oh Dios, eres mi salvador; confiaré y no temeré (cf. Is 12,2). Mi fuerza y mi alabanza es el Señor: se ha hecho salvación para mí (Is 12,2).

 

Convivimos con tantas evidencias que nos invitan a la tristeza, al pesimismo, a la desesperanza. San Francisco, haciendo suyas las palabras del profeta Isaías, eleva con fuerza su voz para decirnos que es posible confiar y no temer. Su canto de alabanza es incansable porque “aquello” que debe anunciar es tan grande, tan importante (sí, ¡también para nosotros!) que tiene que hacerse escuchar como sea: ¡Te alabaré porque me has consolado, eres mi salvador!

 

El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. Que no podemos salvarnos a nosotros mismos, no somos autosuficientes. Pidamos a Jesús que venga a salvarnos una vez más… Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Porque en esto consiste el amor de Dios que se ha hecho salvación en su Hijo Jesús: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae consuelo y fortaleza en medio de nuestras noches, porque con Dios la vida y la esperanza nunca mueren. Ya no hay nada que tengamos que vivir solos, porque Cristo, el salvador que el Padre nos ha enviado, está a nuestro lado.

 

Jesús, tú fuiste enviado al mundo para salvarnos: ¡Señor, te esperamos!

Jesús, tú permaneces junto a los que su vida es despreciada: ¡Señor, te esperamos! 

Jesús, tú iluminas los ojos de los que viven en oscuridad: ¡Señor, te esperamos! 

Jesús, tú vienes para consolarnos: ¡Señor, te esperamos! 

Jesús, contigo los corazones rotos son vendados y sanados: ¡Señor, te esperamos! 

Jesús, tú eres el Salvador, el Emmanuel, la Luz del mundo: ¡Te esperamos!