23 diciembre, 2021

Mensajeros

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1. Contempla

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2. Escucha

Malaquías (Ma 3,1-4.23-24)

Así dice el Señor: «Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. Mirad: os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor. Convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir yo a destruir la tierra».

3. Reza

Señor, hoy nos dices, a través de tu profeta, que te encanta mandarnos mensajeros: ángeles y personas, para hablar a nuestro corazón. Lo curioso es que los mensajeros que me envías pueden ser gente de mi familia, algún amigo, algún sacerdote o fraile, mis catequistas de Lifeteen, alguien de mi alrededor o incluso una persona que encuentre por la calle. Personas que son tus mensajeros porque me hablan de tu bondad, de tu perdón sin límites, de tu paciencia, de la fidelidad de tu amor. A través de ellas, Señor, te conozco un poco más a ti. Son ellas las que me ayudan a preparar un camino para ti en mi corazón.  

Hay alguien que llevó esto a otro nivel. He alucinado con la vida del Cardenal vietnamita Van Thuân, que se pasó muchísimo tiempo en la cárcel simplemente por ser un líder cristiano durante el comunismo. En la celda hablaba sobre el amor de Dios a los presos con los que estaba, cantaba canciones religiosas y hasta celebraba la eucaristía a escondidas, en medio de la noche para no ser descubierto… Trataba con tanta misericordia a sus guardias, no devolviendo mal por mal, que estos se convertían a la fe cristiana después de unos días. ¡Qué fuerza tendría su mirada y sus palabras! Murió hace 18 años y ahora está en camino de llegar a ser declarado santo. Y, cómo eres Señor, ahora son sus antiguos carceleros los que están relatando todos los detalles del tiempo que pasó en la cárcel y, sobre todo, su capacidad de anunciar el amor de Dios en las condiciones más complicadas. ¡Qué testimonio tan impresionante!

Señor, quizás no tenga la capacidad de anunciar tu amor como lo hizo el Cardenal Van Thuân, pero te pido, al menos, que sea como esos guardias y no permanezca indiferente ante los mensajeros que tú no dejas de enviarme. Ábreme los ojos y los oídos para que descubra en tantas personas que me rodean tus mensajeros. Que sea sensible y acoja siempre a esas personas que me hablan y me acercan a ti. Amén.

 

4. Vive

Pienso y pido por todas las personas que me han acercado a Dios, cada una a su manera, en el pasado y en el presente.