17 diciembre, 2021

Palabras

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1. Contempla

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2. Escucha

Génesis (Gn 49,2.8-10)

En aquellos días, Jacob bendijo a su hijo Judá: «A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, y serás fuerte contra tus enemigos. No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos».

3. Reza

La palabra es un regalo que nos permite comunicarnos y relacionarnos con las personas que nos rodean. Es curioso todo lo que pueden llegar a hacer. A veces nuestras palabras acunan, acarician y sanan. Otras golpean e hieren. Sinceras o falsas, pensadas o espontáneas… son uno de nuestros mayores tesoros. Las decimos, las escribimos, las leemos y compartimos.  

Hay palabras que es mejor no decir porque no hacen falta. Porque juzgan sin  comprender. Porque son falsas. Palabras de crítica injusta, de chismorreo y de condena. Palabras innecesarias que ignoran el dolor del débil. Palabras que apuñalan por la espalda. Son palabras de maledicencia que dinamitan la comunión y la fraternidad. 

Pero también hay palabras para bendecir. Para hablar bien de tantas historias, personas y circunstancias en las que reconocemos y elogiamos lo bueno. Palabras que brotan desde el cariño y la ternura. Palabras que nos ayudan a crecer. Palabras que tienden puentes y acortan distancias.

Señor, nuestro mundo ha perdido la capacidad de bendecir, de hablar bien de lo que nos rodea. Por eso, al escuchar cómo Jacob bendijo a su hijo Judá se acrecienta en mí el deseo de la bendición. 

Señor, te pido que de mis labios salgan solo palabras de bendición, palabras que agradecen, palabras que reconocen el valor de las personas y de las cosas. Te pido que me ayudes a callar en lo que sé que no estoy siendo honesto o en aquello que no me atrevo a decir en persona. 

Señor, dame un corazón generoso que se alegre por el bien de los demás. Aparta de mí el gusano de los celos que sólo trae el resentimiento, la envidia y la amargura. Y haz que te bendiga por todos los dones con los que me has enriquecido. Amén.

4. Vive

Voy a controlar mis palabras cuando éstas puedan hacer daño. Cuento diez o lo que haga falta antes de decir algo fruto de la rabia o de la envidia.