13 diciembre, 2021

Las apariencias

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1. Contempla

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2. Escucha

Números (Nm 24,2-7.15-17a)

En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos:

«¡Qué bellas las tiendas de Jacob y las moradas de Israel! Como jardines junto al río, como cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y su reino descuella».

3. Reza

Señor, hoy tu Palabra nos habla de un tal Balaán, un personaje del que nunca había oído hablar en mi vida. Investigo en internet y descubro que Balaán era un mago, algo así como un hechicero, un brujo contratado por los enemigos del pueblo de Israel para maldecirlo. Y resulta que, cuando iba a empezar a maldecir a Israel, una fuerza extraña le invadió y comenzó a hacer justo lo contrario: bendecir. ¡Alucinante!

Pero lo más importante es que aquello que dijo no fue fruto de un conjuro o algo así. Las palabras que pronunció estuvieron inspiradas por el Espíritu Santo. Sí, sí. Eran palabras de fe, capaces de ver más allá de las apariencias. Por eso, aunque sus ojos sólo veían un pueblo pequeño, muy pobre, hambriento y errante por el desierto, tu Espíritu le hizo ver que justo de ese pueblo, con esa apariencia tan poco prometedora, nacería un rey: tú, Jesús, el Salvador esperado. Nadie lo hubiera dicho… 

Señor, ¡cómo nos engañan las apariencias! ¡Cómo nos escondemos detrás de ellas para no aceptar nuestra parte más frágil! ¡Y sin embargo, tu cuentas con nuestra fragilidad para hacer grandes cosas! Apariencia de éxito o de eficacia, de inteligencia o de fuerza, apariencia de salud perfecta o de eterna juventud, apariencia de estar siempre feliz, de no tener problemas, de tener muchos amigos, apariencia de… Así vivió san Francisco durante muchos años, hasta su conversión.

Señor, hazme vivir en la verdad. Ayúdame a no despreciar nada de mí mismo ni de los demás. Tú, siendo Dios, te has abajado queriendo nacer y vivir como uno de nosotros. De entre todas las maneras de venir al mundo has elegido la de la humildad, que es vivir en verdad. Quisiste nacer en un pesebre y en un establo, como la gente más humilde, sin apariencias ni decorados. Así me enseñas que Tú no naces en mis éxitos y triunfos, en mis apariencias de… sino en la humilde gruta de mi pequeñez, de lo que soy en verdad. Quieres nacer en mi corazón: ¡tal y como es, tal y cómo está! 

Qué libertad intuyo detrás de esto, aunque me asuste. Ven, Señor, y haz caer mis miedos y mis apariencias que me impiden ser libre de verdad. Amén.

4. Vive

Voy a aceptarme como soy y no voy a dar a los demás una imagen falsa de mi.