8 diciembre, 2021

Por haber hecho esto

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1. Contempla

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2. Escucha

Génesis (Gn 3,9-15.20)

El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón».

El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.

3. Reza

Por haber hecho esto

Padre, muchas veces me he preguntado: ¿pero qué fue eso tan grave? 

Y me has hecho entender que la gravedad radica en el engaño a tu criatura más querida, a los que tú habías creado a tu imagen y semejanza. A los que habías hecho capaces de ti, de conocerte como a su Creador, de relacionarse contigo de tú a tú, en definitiva, de amarte y ser amados por ti. 

¿Y cómo los engañó? Con una mentira, quizá la mayor mentira que se ha pronunciado jamás. Una mentira que sigue poblando nuestras mentes y nuestros corazones… Que Tú no quieres que progresemos y nos desarrollemos, que temes que seamos todo lo grande que podamos ser según la naturaleza que nos has dado, que no te importa que seamos felices y podamos llevar una vida en paz. 

Esta mentira nos llevó a creer que Tú eres nuestro mayor competidor, que quieres tenernos bajo tu dominio sin que podamos ejercer nuestra libertad. Este engaño, esta mentira hizo que la humanidad, desde entonces, dudase de tu bondad y de tu amor incondicional por nosotros. Y esta duda es la que nos hace morir, porque cuando dudamos de aquel que más nos quiere, cuando nos alejamos de ti, nos quedamos desamparados, desnudos, solos y, al mismo tiempo, recelamos de los demás y desconfiamos de todo y de todos.

Padre, la humanidad, en Adán y Eva, recorrió ese camino de duda y desconfianza. Sin embargo, hay una que rompió ese círculo que nos atrapaba y nos llevaba a la muerte, María. Pudo poner mil excusas para no fiarse, pudo tener mil motivos, a lo largo de su vida, para dudar de las palabras del ángel. Pero ella eligió creer, eligió fiarse y eligió permanecer en ti y, no quedó defraudada. Por eso, María es madre de la fe, es madre de todos los que creen y siguen a tu Hijo.

Padre, ¡qué difícil me resulta confiar en ti cuando las cosas no salen como espero o me gustaría o cuando van mal! ¡Qué fácil me resulta quejarme y echarte la culpa de todo lo malo que pasa y me pasa! 

Hoy me atrevo a pedirte que pongas en mi vida esa capacidad de silencio que tuvo María, ese don para guardar en su corazón todo lo que no entendía y, a pesar de todo y por encima de todo, confiar y permanecer en ti. Amén.

 

4. Vive

Hoy voy a mirar a María con admiración y agradecimiento y le voy a pedir que me ayude a parecerme cada día más a ella.