28 noviembre, 2021

Un descendiente legítimo

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1. Contempla

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2. Escucha

Jeremías  (Jr 33, 14-16)

En aquel día cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora suscitaré a David un descendiente legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá y en Jerusalén vivirán tranquilos.

3. Reza

Querido san José, estamos a punto de terminar el año especial que el Papa Francisco ha querido dedicarte al cumplirse los 150 años de la declaración como patrón de la Iglesia universal. Seguro que te hace gracia porque tú no necesitabas ninguna declaración oficial para empezar a cuidar a la Iglesia del mismo modo que cuidaste a tu hijo Jesús.

Quiero comenzar este Adviento cogido de tu mano. Puede sonar un poco extraño porque siempre se nos ha dicho que los protagonistas del Adviento son María, tu esposa, Juan Bautista o los grandes profetas del Antiguo Testamento. Sin embargo, al escuchar la primera Palabra del Adviento, caigo en la cuenta de que la promesa que Dios hizo a su pueblo pudo cumplirse sólo gracias a tu disponibilidad y confianza.  

Suscitaré a David un descendiente legítimo. ¡Cuántas veces habrías oído esta frase los sábados en la sinagoga! ¡La conocías de memoria! En ella se renovaba la promesa del profeta Natán muchos siglos atrás de que el Mesías nacería de la casa de David. 

Tú estabas tranquilo porque, aunque eras descendiente de la casa de David, no veías ningún trono, ni ningún mesías por ningún lado. Y como buen israelita, orabas por la venida del Mesías y la deseabas ardientemente porque creías firmemente en el amor de un Dios que siempre cumple sus promesas. Tantos siglos esperando la llegada del Mesías y resulta que tú eras el elegido para cumplir la promesa de Dios…

¡Puedo imaginar tu cara de estupor al escuchar una propuesta tan inesperada como desproporcionada! ¡Dios entraba de lleno en tu vida poniéndola patas arriba! Y sin embargo te entregaste con confianza y cumpliste lo que el Señor te había mandado convirtiéndote en padre de Jesús.

Querido san José, ¡cuánto nos cuesta descubrir las promesas de Dios en nuestra vida! Por eso, al comienzo del Adviento te suplicamos: enséñanos a acoger en nuestra historia el sueño de Dios. Ayúdanos a hacer espacio para acoger la novedad de Dios, también en aquello que nos cuesta o que, incluso, no hemos elegido, sabiendo que en ello encontraremos nuestra felicidad.

San José, intercede por nosotros, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Amén.

4. Vive

Voy a rezar la oración de cada mañana de este adviento con la misma atención y confianza de san José.