Señor vivo y resucitado, el año pasado vivimos la Semana Santa angustiados y cerrados en casa. Desde entonces han cambiado muchas cosas, pero seguimos viviendo angustiados con la pandemia universal que nos invade. Sin embargo, en esta Pascua tenemos más esperanza y más sentido de la vida: las vacunas van devolviendo a nuestros rostros el color y la vida, y comenzamos a ver la luz al final del túnel. Pero la vida, la vida auténtica eres Tú.

Señor, resucitas para traernos a todos el amor a nuestros corazones, para darnos la felicidad de encontrarte en nuestros hermanos, para entender que la muerte no tiene la última palabra, que la resurrección es el único camino hacia la eternidad.

Cristo Resucitado, amor de los amores, danos fuerza para vivir en profundidad nuestro cristianismo. La fuerza y el coraje de la fe. La fuerza para morir a nuestras pandemias interiores.

Señor de la Vida, gracias porque nos haces vivir, un año más, el amanecer pascual. El grito gozoso de las mujeres que encontraron el sepulcro vacío.

Señor Resucitado, gracias porque, también a nosotros, nos llamas a salir de nuestros sepulcros y a irradiar la luz de un nuevo amanecer.

Cristo vivo, haz que, con san Francisco, levantemos nuestras manos hacia ti y te digamos: «Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor. Tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición».

Qué día tan bonito, Señor, el día de la Pascua. ¡Aleluya!

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la víctima

propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con Nueva Alianza.

Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?».

A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua.

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa. 

Amén. Aleluya