Señor, no sé cómo hablarte y rezarte en este día de silencio y vacío, en este día largo, muy largo. No tengo palabras para expresar el inmenso vacío que inunda la tierra en la espera fecunda de la Vida.

Señor, escucha mi silencio y pon serenidad a mi espera. Haz que el silencio esté lleno de expectación. Haz que sepa enfocar mi mirada para encontrarte: mirada con mirada, corazón con corazón.

En este día, Señor, no me puedo olvidar de tu Madre y nuestra Madre, María. Señor, haz que nos parezcamos a ella, que, en medio del silencio, del dolor y del temblor, supo alimentar la llama de la esperanza que hace germinar la Vida.

Hoy, Sábado Santo, es el día de María. Que junto a ella miremos el sepulcro y levantemos la mirada hacia el horizonte sereno de la eternidad. Que miremos más allá, más lejos.

Señor, que, aunque parezca de noche, sepamos esperar ver el día y sentir el calor de la luz. Sábado Santo, silencio y espera. Amén.

Terminamos orando con este precioso himno de la liturgia del día:

Venid al huerto, perfumes,

enjugad la blanca sábana:

en el tálamo nupcial

el Rey descansa.

Muertos de negros sepulcros,

venid a la tumba santa:

la Vida espera dormida,

la Iglesia aguarda.

Llegad al jardín, creyentes,

tened en silencio el alma:

ya empiezan a ver los justos

la noche clara.

Oh dolientes de la tierra,

verted aquí vuestras lágrimas:

en la gloria de este cuerpo

serán bañadas.

Salve, cuerpo cobijado

bajo las divinas alas;

salve, casa del Espíritu,

nuestra morada. Amén.