A nadie le gusta tener que sacrificarse, si puede evitarlo. Renunciar a algo que quieres puede ser incómodo, molesto. Sin embargo, Dios no se reserva nada cuando se trata de nosotros. Creemos en un Dios que nos ama de tal manera que nos envía a su único Hijo. La capacidad de sacrificio de Jesús no conoce límites. ¿Y la tuya? ¿Serías capaz de sacrificar por los demás lo más importante para ti? 

Piensa en algo que te guste muchísimo. Puede ser cualquier cosa: ver el fútbol, comer chocolate, jugar a algún videojuego, ver Netflix… Lo que sea, pero que lo hagamos a diario. El gesto de hoy va a consistir en renunciar a eso que tanto nos gusta, solo durante un día. No escojas algo demasiado fácil. ¡Tiene que suponerte un reto! ¿Somos capaces de hacer un pequeño sacrificio, o estamos demasiado acostumbrados a tener todo cuanto queremos?