Este es un día amargo y doloroso. A nadie le gusta sufrir ni ver sufrir. Hoy Jesús es crucificado injustamente. Por eso, si tenemos una cruz en casa o alguna lámina o la que solemos llevar al cuello, sería bueno que la cogiésemos entre las manos o la pusiéramos en un lugar central. Y que nos sentemos alrededor suyo. Y que hagamos silencio. 

Contemplemos la cruz cinco minutos sin decir ni decirnos nada. Sólo contemplar. Dejemos que la cruz nos hable, como hizo a san Francisco el crucifijo en la ermita de San Damián. 

Después, podéis leer y comentar juntos el documento «Hay cruces y cruces». Y a continuación, orar juntos lo que os sugiera su lectura en este momento.