Cuando alguien de nuestra familia nos necesita, estamos ahí. Quizá a veces hay peleas y roces, pero también hay amor. Y siempre estamos dispuestos a ayudar a quienes amamos. Jesús nos pidió que nos amaramos unos a otros, que estuviéramos dispuestos a servir sin distinciones, pues todos somos iguales. Todos somos hermanos. 

Hoy reviviremos el gesto de servicio que Jesús tuvo con sus discípulos. Vamos a buscar la forma de ponernos al servicio de alguien que no sea de nuestra familia, a ayudarle de corazón. Puede ser un vecino, un amigo, o incluso alguien a quien no conocemos. Vamos a tener un gesto sencillo con esa persona que pueda ayudarle. La intención no debe quedarse en un mero «dar lo que me sobra», sino que tiene que buscar ponernos al servicio de esa persona. De la misma forma que Jesús hizo con sus discípulos.