Para este día en el que en un mismo momento se hace memoria de tantas cosas importantes (eucaristía-entrega, lavatorio de los pies-servicio, amor fraterno-fraternidad universal, celebración-compartir la mesa…), te proponemos los siguientes gestos:

Piensa: ¿A quién conozco que necesita que alguien le lave los pies? ¿A quién conozco que necesite luz para su oscuridad? ¿A quién conozco que necesite romper las cadenas que le atan a aquello que le esclaviza? Si estamos en familia, compartimos. 

Hoy nos proponemos hacer algo que nunca solemos hacer: vamos a preparar en el salón de casa una palangana, una jarra con agua y una toalla. Nos vamos a descalzar y vamos a lavarnos los pies unos a otros. Sin prisas. Y al terminar, besaremos los pies de los demás. Y quedaremos en silencio. Y si es posible, podríamos preparar y llevar comida a alguien que solemos ver en la calle pidiendo para comer. Entregársela y hablar con él/ella. Y después, orar por él/ella.