La tarde del Viernes Santo presenta el drama de la muerte de Jesús en el Calvario. La cruz sigue en pie como signo de salvación y de esperanza. Es el abrazo de Dios al mundo. Ante su cruz, le reconocemos como el camino, la verdad y la vida.

Nos comprometemos a estar en silencio y a hacer una oración de confianza en las manos de Dios, igual que hizo Jesús; orar mirando a la cruz con los ojos de la fe muy abiertos.

Hoy me comprometo a rezar el Padrenuestro por alguna persona que conozco y que está sola o pasando un mal momento.