Después de cenar y de celebrar el amor con sus amigos, Jesús fue de nuevo a rezar al Monte de los Olivos y allí fue detenido por los guardias. Sus amigos le dejaron solo.

Al acabar el juicio, condenaron a Jesús a muerte por reconocer que era Rey de los judíos, que era el Mesías, el Hijo de Dios. Fue azotado y tuvo que recorrer un largo camino cargando sobre sus hombros con la cruz en la que le crucificaron. 

Al mediodía, clavado en la cruz, Jesús dijo sus últimas palabras: «Todo está cumplido». Inclinó la cabeza y murió. Todo quedó en tinieblas y se produjo un fuerte temblor. 

Jesús cumplió la voluntad de Dios, murió por todos nosotros, perdonando de este modo nuestros pecados, para que después de morir podamos vivir con Él y junto al Padre para siempre en el abrazo de su amor eterno.